domingo, 5 de junio de 2016

La tardía Revolución Industrial

INTRODUCCIÓN  
La Revolución industrial a España llegará mucho más tarde que al resto de países europeos. La escasez de materias primas y de inversión hará del desarrollo industrial un proceso lento, que comenzará a finales del siglo XIX en las áreas tradicionales como Cataluña y País Vasco, y que se prolongará hasta los años sesenta del siglo XX, donde ya podremos decir que España posee las características de un país industrializado.  
Además, el moderado desarrollo de este sector se verá influenciado por los mercados externos y por las convulsas situaciones con las que convive el país en cada etapa. Asimismo, otro freno importante y que marcará la diferencia con otros países europeos como Holanda, es que no se dio una transformación en la agricultura.  

1. EL INICIO: S.XIX  
Comparado con países como Gran Bretaña, que inició su proceso de revolución industrial en el siglo XVIII, seguido por Alemania o Francia, España comienza en el siglo XIX a dar prioridad a su sector secundario. A partir de los talleres de artesanía en Cataluña, surgen las primeras fábricas textiles, mientras en el País Vasco aparecen y se desarrollan las primeras industrias siderúrgicas. En este siglo se plantean leyes proteccionistas con el fin de favorecer las manufacturas españolas frente a las del resto de Europa. Este hecho llevó al encarecimiento de los productos extranjeros y dio lugar a una mayor demanda de productos españoles, por ser más baratos al público, lo que concedió un impulso a nuestra economía. Pero, indiscutiblemente, la llegada del ferrocarril en el año 1848, marcaría el inicio de esta revolución. 

2. LA INTRODUCCIÓN AL PROGRESO: 1900-1959  
“El evidente crecimiento demográfico español durante el siglo XX, que podemos cifrar en 22 millones de habitantes”, permitió que hubiera más clientes y compradores de manufacturas, con más inversión en la industria y más demanda de manufacturas propias.   

Durante la Primera Guerra Mundial se buscó, desde los países en conflicto, productos manufacturados en países neutrales como España. De esta forma se amplía la exportación y nuevos capitales entran en el país. Sin embargo, tras la finalización del conflicto, los países europeos dejaron de comprar productos autóctonos.  A lo largo de los años veinte, algunas compañías multinacionales decidieron instalarse en España, dando numerosos puestos de trabajo. A pesar de esta aparente evolución, el crac del 29 y la crisis de los años treinta, mermaron muchas esperanzas, dando lugar a un crecimiento moderado y una productividad escasa en comparación con otros países. 

En 1930, la llegada de la Segunda República apoyó al sector de la industria, pero el crecimiento se vio frenado con la llegada en el año 1936 de la Guerra Civil española. 
Dentro del período de autarquía en el régimen franquista, el INI (1941) intentó dar impulso a un sector industrial que, por exigir grandes inversiones y obtener escasos beneficios, no gozaban de iniciativas privadas. Fue el caso de la construcción naval, los hidrocarburos, la petroquímica, la automoción, la maquinaria o los fertilizantes, entre otros. Bajo esta coyuntura se dio una política de consolidación de zonas industriales históricas como el País Vasco y Cataluña, además de industrializarse Madrid y sus alrededores. A medida que avanzaba la década de 1950 surgieron empresas privadas que acaban superando en el número y la producción a las públicas. De esta forma, a finales del periodo, la estructura de la industria se centraba en la producción de bienes de equipo, que habían desplazado a los bienes de consumo. En 1959 se exportaba un 3% de la producción industrial en España. 

3. EL DESARROLLO INDUSTRIAL: 1959-1975  
A partir del Plan de Estabilización de 19593, la nación se incorporó al sistema mundial de economías capitalistas desarrolladas, lo que provocó la modernización de las estructuras y del crecimiento fabril. Los Planes de Desarrollo del periodo franquista (1964-67, 1968-1971, 1972-1975), intentarán potenciar la industria en áreas con escaso desarrollo industrial, mediante polos de desarrollo, polígonos de descongestión o zonas de preferente localización industrial. Esto se hará mediante exenciones fiscales e incentivos a la inversión extranjera. 

La realidad del desarrollo industrial en España es que éste se siguió centrando, al final de época franquista, en cinco puntos clave: en el País Vasco como principal zona industrial; en ciudades del norte, especialmente Cantabria, donde se localizó una industria naval, siderúrgica, metalúrgica y química; en Cataluña, que acoge el desarrollo de la industria textil, farmacéutica, la automoción y de bienes de uso y consumo; en la C. Valenciana, se dan la industria del juguete, el zapato y la agroindustria; en el centro de la península se establece una industria muy diversificada: imprenta, farmacéutica, automoción, aeronáutica,  etc. Por otro lado, el resto del país tendría dos enclaves más: 
el Valle del Ebro y el corredor Córdoba-Sevilla, con una fuerte orientación hacia la agroindustria, mientras gran parte del interior apenas tiene tejido industrial.

4. LA CRISIS DE LA INDUSTRIA: 1975-1984  
La crisis mundial afectó profundamente a España. El aumento del precio del barril de petróleo en 1973 provocó meses más tarde un encarecimiento en materias primas y de los transportes, que desencadenó una crisis industrial global. Ésta, estuvo caracterizada por la inestabilidad política ya que, tras la muerte de Franco, se retrasaron las medidas inmediatas y efectivas que hubieran podido subsanar la crisis. Además, la industria española había crecido en volumen, pero no en tecnología ni en inversión de estructuras. Así, y debido al recorte de la demanda, los empresarios redujeron puestos de trabajo y descendió a un 16% el empleo en este sector. La industria había dejado de 
ser la principal fuente de ingresos, orientando a la sociedad hacia el sector servicios. 

5. LA REINDUSTRIALIZACIÓN A PARTIR DE 1984  
En 1984, con el gobierno socialista de Felipe González, se promulgó la Ley de Reconversión y de Reindustrialización, que supuso una remodelación de la industria y de los espacios industriales para adecuarse a modelos europeos en cuanto a tecnología, especialización, productividad y competitividad. Seguirían vigentes aquellas empresas que tuvieran capacidad para competir en el marco europeo, mientras que desaparecerían las que no fueran competitivas. Estas nuevas reformas afectaron a varios sectores: siderurgia, construcción naval, electrodomésticos de gama blanca, componentes electrónicos, equipos eléctricos de base, etc. 
La entrada en la Comunidad Económica Europea (1986) llevó a la creación de nuevos incentivos regionales para el desarrollo industrial, como las grandes áreas de expansión industrial, las zonas de preferente localización industrial, y las zonas de urgente reindustrialización (ZUR). A partir de estas últimas, se pretendía relanzar las empresas generadoras de empleo estable, al menos durante tres años, con financiación de comunidades autónomas y fondos europeos. Las zonas más favorecidas serán la cordillera Cantábrica y la industria textil catalana. Sin embargo, lo cierto es que la reindustrialización sólo pudo ser parcial.

6. LA INDUSTRIA ESPAÑOLA EN LA ACTUALIDAD  
Las mejoras en los procesos de fabricación, ya sea en maquinaria o en técnicas productivas, han permitido elaborar productos más competitivos y más fácilmente exportables. De este modo, la estructura de la industria española actual presenta áreas con un fuerte dinamismo económico, frente a ciertas zonas en declive, como el eje atlántico y cantábrico, las cuales se habían especializado en una industria de base y que había sufrido la crisis de los años setenta y ochenta. Entre las zonas en auge destacan el valle del Ebro y el arco Mediterráneo, especializados en bienes de uso y consumo, aunque poseen además industrias como la del calzado, textil, farmacéutica, cerámica o de automoción. Asimismo, el área metropolitana madrileña presenta un territorio de expansión industrial hacia el Corredor del Henares y hacia Toledo, con una gran diversidad de industrias: papel, farmacéutica, aeronáutica, automoción, etc. Fuera de estos ejes cabe destacar el eje Jaén-Sevilla, con un enfoque agroindustrial, y el eje Valladolid-Palencia, con predominio automovilístico.  

Cuando hablamos del sector secundario, hablamos también del subsector de la construcción, que aparece habitualmente con sus propios indicadores. Este subsector ha tenido en el siglo XX una evolución intermitente.  
Durante los años sesenta, se contribuyó a su desarrollo gracias a tres factores: valor de las actividades, repercusiones públicas y sociales, y su gran capacidad. En esta fase se realizan vías de comunicación, obras públicas, construcción de viviendas, locales y naves industriales. Diez años más tarde, durante la crisis de los setenta antes mencionada, se desaceleró la construcción y las industrias complementarias a ésta se vieron seriamente afectadas. A mediados de los ochenta volvió a resurgir la construcción: se edifican nuevas viviendas y locales y se rehabilitan numerosos edificios. En los años noventa se continúa construyendo infraestructuras necesarias como autovías y depuradoras de 
agua, entre otras obras. Así, en 1997, con la Ley de Suelo implantada por el gobierno de Aznar, se experimenta un auge sin precedentes que se mantiene hasta 2007. Dicho auge trajo consigo un aumento desproporcionado de los precios de la vivienda, lo que se ha conocido como burbuja inmobiliaria. Pero, desde 2008, este modelo cayó en una profunda crisis debido a dos hechos: los elevadísimos precios de la vivienda y a la crisis financiera mundial. Las consecuencias de esta caída fueron la pérdida de miles de puestos de trabajo, el cierre de empresas, y una crisis general de dimensiones inesperadas. 

Cuando hablamos de industrialización, debemos tener en cuenta, como hecho innegable, su impacto ambiental. El abuso de la explotación de la naturaleza y de la utilización de energía, representa un coste ambiental muy alto. Al finalizar el proceso productivo, la industria acumula residuos altamente tóxicos que no sólo perjudican al medioambiente, sino también a la salubridad de los ciudadanos. Entre los problemas más graves podemos destacar: la contaminación del aire, que es responsable del efecto invernadero, de la disminución de la capa de ozono, y de la generación de lluvia ácida, siendo las zonas más contaminadas Asturias, País Vasco, y las áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona; la contaminación del agua, especialmente debida a vertidos industriales (generalmente metales pesados como el plomo o el mercurio) siendo las áreas más afectadas el litoral y la ría del Nervión, el delta de Llobregat, y la bahía de Algeciras. Ante esta situación, la Unión Europea impone a las empresas controles cada vez más exigentes sobre las emisiones y vertidos en el agua, los residuos generados, el consumo de materias primas, el ruido, la prevención de accidentes, y la restauración del emplazamiento si cesa la actividad industrial. 

CONCLUSIONES  
En definitiva, podemos decir que el desarrollo tardío y desigual de la industria en nuestro país se debe a que no se modernizó el sector agrario, cuando otros países incrementaron su productividad, y a que los capitales obtenidos no se reinvirtieron en la modernización de la agricultura, como sí ocurrió en Gran Bretaña u Holanda. A esto se unió la actitud de la escasa burguesía española que, guiada por el estilo de vida de la nobleza, mostró poco interés por el sector industrial, y apenas invirtió en su capitalización. Respecto a la demanda de productos, el hecho de que la mayoría de la población fuese campesina y de bajo poder adquisitivo, impidió la existencia de un mercado interior peninsular. Del 
mismo modo, la emancipación de las colonias americanas llevó a España a perder mercados para sus manufacturas, así como buena parte de las rentas que engrosaban la Hacienda. 
Por último, un factor más que relevante fueron las situaciones de conflicto, como las Guerras de Independencia o las Guerras Carlistas acaecidas en el siglo XIX durante el reinado de Isabel II, que provocaron un enorme desgaste de la sociedad, con grandes descensos demográficos y pérdidas económicas. 





BIBLIOGRAFÍA  
1España. La tardía revolución industrial española, 15 SEP 2010.  
 Blog de historia. Available from: http://sobrehistoria.com/la-tardia-revolucionindustrial-espanola/ 

2CABRÉ, A, DOMINGO, A y MENACHO, T (2002) “Demografía y crecimiento de la población española durante el siglo XX”, a PIMENTEL SILES, Manuel (coord.). Mediterráneo Económico. Monogràfic: Procesos Migratorios, economía y personas, pp. 121-138. Almería: Caja Rural Intermediterránea. Cajamar. 

3 VARELA PARACHE, M, Madrid, 11 de Enero de 2010. EL Plan de Estabilización de 1959. 
Catedrático Emérito UCM y Universidad San Pablo-CEU. 

4 1975-1985 Crisis económica y reconversión industrial. Available from: 
http://geopress.educa.aragon.es/WebgeoNEW/libro/secundario/3-crisis73.pdf 

GONZÁLEZ GARRIDO, A, NAVARRO LÓPEZ, J, 2009. Industrialización y transformaciones 
sociales en el siglo XIX en Historia de España. Barcelona: editorial Edebé. Pág. 149-151 
ISBN: 978-84-236-9379-5. 
GONZÁLEZ GARRIDO, A, NAVARRO LÓPEZ, J, 2009. Economía y transformaciones sociales 
(1898-1936): la consolidación industrial en Historia de España. Barcelona: editorial 
Edebé. Pág. 246. ISBN: 978-84-236-9379-5.   
  

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